¿QUIÉN NO HA SENTIDO ALGUNA VEZ DURANTE SU NIÑEZ EL TEDIO?

El tedio es un estado de ánimo natural que según numerosos expertos estimula la creatividad y la imaginación

La familia debe actuar como guía, evitando organizar el juego o los momentos libres de los menores, para favorecer su autonomía

Los niños de hoy van al colegio, practican algún deporte, acuden a clase de idiomas, tocan algún instrumento, ven la televisión, juegan con otros pequeños o con la consola... Pero las actividades del día finalizan, los amigos se marchan a su casa y llega el momento de apagar la televisión. Es entonces cuando el niño no tiene claro qué hacer con ese tiempo libre y entona la temida frase: 'me aburro'.

El primer síntoma del aburrimiento es el malestar. Quejas, protestas, mal humor, resoplidos, enfados, incluso lloros son las manifestaciones más habituales de la inquietud que les produce el tedio. Es el momento en el que suenan las alarmas para los progenitores que hacen piruetas para proporcionar mil y una distracciones que 'liberen' a sus hijos de ese estado lo más rápido posible. Sin embargo, según numerosos especialistas puede ser beneficioso y una experiencia enriquecedora.

 

Momentos para todo

En 2007 un estudio realizado por la Universidad de Educación y Aprendizaje Permanente de East Anglia (Reino Unido) indicaba que el aburrimiento no es algo malo sino, por el contrario, incentiva la capacidad creativa de los más pequeños para alcanzar un desarrollo más completo. Teresa Belton, una de las artífices del informe, aseguraba que "los niños necesitan tiempo para no hacer nada" y que "las expectativas culturales de que los menores deban estar siempre activos podrían obstaculizar su imaginación".

De la misma manera se expresa la psicóloga infantil Silvia Álava. "Quizá el principal problema es que no les damos la oportunidad de tener momentos de soledad. Salen del colegio y acuden volando a alguna actividad, luego a otra... Todo está organizado por los adultos y no se les da mucha oportunidad de entretenerse solos".

En la sociedad actual, donde el ritmo hiperactivo y la máxima productividad imperan, el tiempo es una dimensión muy valorada. El resultado son niños súper estimulados que no saben en qué invertir el tiempo no planificado. "Al tener tantas actividades, además del horario del colegio, cuando tienen tiempo libre no saben gestionarlo, para ellos es un bien escaso. Están acostumbrados a tener la agenda muy planificada y cuando tienen huecos libres no saben cómo ocuparlos", afirma el equipo directivo del colegio Patrocinio de San José de Madrid.

Las nuevas tecnologías han contribuido a que los niños pasen más tiempo concentrados ante las pantallas y que los momentos dedicados a otros juegos que estimulan más la creatividad vayan a menos. "Son estímulos visuales y auditivos muy cómodos. No hay que demonizar las pantallas pero sí hay que buscar ratos libres para que el niño esté solo y él mismo pueda dirigir su acción", dice la psicóloga.

Estado de ánimo natural

El aburrimiento ante todo es una sensación muy normal en los menores y forma parte de la infancia. ¿Quién no ha sentido alguna vez durante su niñez el tedio? Incluso, en algunas ocasiones, este estado es preciso. "Los psicólogos insistimos en que debemos dejar que los niños se aburran. No tenemos que dirigir todo el tiempo su conducta para que ellos desarrollen sus propias ideas", asegura Álava.

En buena parte de los casos el afán por satisfacer y suministrar diversión a los hijos de manera inmediata está ocasionado por "el sentimiento de culpa de los padres por estar mucho tiempo trabajando, o por disponer de pocos momentos para estar con ellos", comenta la especialista. Pero el principal inconveniente del 'síndrome de los padres ausentes' tiene como consecuencia inmediata "que los progenitores se conviertan en auténticos monitores de tiempo libre. Es importante perder el miedo a que el niño se aburra", insiste. El problema se agrava cuando las actividades planificadas repercuten en el bolsillo y, más aún, en época de crisis. "En ocasiones se asocia el ocio con gastar dinero y los planes sólo se centran en acudir a un centro comercial, al burger, al cine, etc... Existen cientos de cosas que se pueden hacer utilizando la imaginación del niño", concluye.

El equipo docente del colegio Vizcaya, de la misma provincia, considera que "no solo promueve la creatividad, sino que representa un descanso necesario para la mente, que al desconectarse de las tareas cotidianas puede dedicarse a la resolución de otros problemas". Y afirma que "es en ese momento cuando el cerebro aprovecha para soñar despierto, pensar en cómo resolver un problema que parecía no tener solución o planificar situaciones futuras".

 

Las pautas adecuadas

El niño necesita además aprender que puede luchar contra el tedio él mismo. Para ello "la familia y el colegio deben fomentar un entorno adecuado", cuenta Coral Regí, directora y profesora de Biología en la escuela Virolai de Barcelona. "No debemos dirigir ese juego cuando los niños tienen tiempo libre, pero sí podemos crear un entorno que propicie la posibilidad de pensar, acercándoles a la lectura o poniéndoles en la pista para que inventen su propio juego", manifiesta. Se trata de "darles pautas para que ellos descubran qué pueden hacer, y no de resolverles y planificarles ese tiempo. Si estamos apoltronados en el sofá con el móvil en la mano todo el día, el niño tomará ese modelo", continúa.

Amelia Baena, directora de contenidos del blog del Club de malasmadres comparte esta idea. "A veces, cuando mi buenhijo no sabe ya a lo que jugar, y requiere mi atención, le dejo y me sorprende haciendo cualquier cosa para entretenerse. Su afición es imitarnos en aquello que hacemos".

Buscar una adecuada combinación de periodos de actividades con los de inactividad favorecerá además, la autonomía e independencia, la resistencia a la frustración, la resolución de problemas y la motivación. Para ello, los expertos recomiendan que los padres actúen como orientadores, evitando organizarles los juegos y decirles qué, cómo y con qué pueden divertirse. "La familia debe hacer de guía del niño, aportándole retos que estén a su nivel, en vez de ofrecer todo marcado", expresa Amparo Laliga, responsable de Innovación de los Centros Escolares de Grupo Sorolla. De esta forma el niño podrá decantarse libremente por una opción y generar sus propias ideas.

En definitiva, el tedio no sólo es un estado de ánimo sino también una forma de encontrarse con uno mismo. Por ello es imprescindible aprender a aburrirse para lograr "estar bien con nosotros mismos a lo largo de nuestra vida", finaliza la psicóloga.

 

 

Pasíon por la lectura. Leer es uno de los mejores hábitos y recursos que se puede aportar a un niño. Además de un gran entretenimiento, la literatura es una excelente forma de potenciar su imaginación a través de historias increíbles, mundos fantásticos, personajes de cuento...

Actividades al aire libre. Un día en el campo, tardes de parque, fútbol en la plaza, de paseo por el barrio... El director del colegio Buen Pastor de Sevilla, Joaquín Egea, incide en los beneficios socializadores y de conocimiento del medio que proporciona a los niños el tiempo de juego al aire libre. "El aburrimiento en casa termina en la televisión o la consola", expresa.

Situaciones imaginarias. El pequeño de la casa es el pirata más temido de los océanos y su habitación es su preciado velero repleto de tesoros... Los juegos de roles no sólo fomentan la creatividad sino que permiten un gran aprendizaje para los pequeños, que establecen relaciones en las que están presentes el cumplimiento de las acciones propias de ese papel. Hay cientos: animal, papá y mamá, doctor, profesor, policía, bombero...

Beneficios de los juegos de mesa. El parchís, el dominó, el monopoly o el tragabolas, entre otros, son un clásico muy divertido sobre todo cuando se comparten con otros niños o la familia. Además de horas de entretenimiento, contribuyen con el desarrollo de destrezas, les enseña a esperar y respetar a los otros.

Los más tradicionales. El 'pilla pilla', el escondite o el escondite inglés, la peonza o las chapas son algunos de esos juegos populares que les encantan. Entre sus beneficios, el desarrollo de habilidades motoras, de estrategias...

Puzles. De sus dibujos animados favoritos, de superhéroes, el coche del momento o un paisaje de ensueño... Muy coloridos y de muchas o pocas piezas. Existen puzles de todo tipo para complacer sus gustos y desarrollar sus habilidades espaciales.

Manualidades. Desde cortar y pegar a perder el miedo a mancharse con las témperas o reconocer texturas de alimentos sólo empleando el sentido del tacto... Adoran hacer manualidades y a la vez adquieren conceptos artísticos, promueve el pensamiento original, desarrolla la motricidad fina, etc.

Aprendiendo a jugar solos. Iniciar una actividad con el niño, darle un par de pistas u opciones para que él pueda continuar y después alejarse contribuirá a aumentar su autonomía y su capacidad de creación. Cuando concluya con el juego, recuerda el refuerzo positivo -'qué bien lo has hecho', 'muy bonito', etc.- , para mejorar su autoestima.