ALGUNOS CONSEJOS

ALCOHOLISMO Y ADOLESCENCIA.

 

A los 13 años: esta es la edad a la que los adolescentes españoles se suelen iniciar en el alcohol.

La edad media en que los adolescentes se inician en el consumo de alcohol es cada vez más temprana. Ya que ellos no son conscientes de los problemas de salud que supone el alcohol, los padres juegan un papel determinante para que no adopten o abandonen esos hábitos.

Por sexos, se observa que el número de chicas que consume alcohol y se emborracha es mayor que el de chicos, aunque ellos beben más cantidad. Sean ellos o ellas, está demostrado que el consumo de este tipo de bebidas afecta a su salud psíquica, física y a su desarrollo social, lo que incluso puede comportar una temprana adicción antes de llegar a la etapa adulta.

No son pocos los estudios que vinculan el consumo de alcohol con efectos adversos en el cerebro de los adolescentes, causando problemas de memoria y aprendizaje provocados por el etanol (presente en todas las bebidas alcohólicas). Los efectos no se perciben sólo a medio-largo plazo, sino a corto plazo, y pueden ser determinantes en su rendimiento escolar.

Al afectar al sistema nervioso, se producen efectos en la coordinación, percepción, etc, así como en el descanso, el sueño, alteraciones del comportamiento por agresividad, entre otros. Estos efectos inciden negativamente en sus relaciones sociales, y pueden llevarles, además, a padecer accidentes de tráfico, a tener relaciones sexuales sin protección...

Conocer todos estos motivos puede ayudarles a alejarse del alcohol. La prevención, mediante la información, se desarrolla en el ámbito legislativo, educativo, en medios de comunicación, pero, especialmente, en el ámbito familiar.

Hablar con ellos sobre el tema, sin huir, de frente, incluso antes de detectar indicios de que hayan comenzado a hacerlo, puede ser determinante. Un consejo puede ser informarles y anteponer las ventajas de no beber frente a las supuestas motivaciones grupales, sociales y personales que puedan empujarles a ello, fomentando el desarrollo de sus habilidades y recursos personales.

La protección familiar es la mejor arma: se deben reforzar los vínculos con nuestros hijos a través de la comunicación. Hablar con ellos para desarrollar la autoestima y la autonomía, especialmente en casos de hijos de consumidores, que podrían ser más proclives. Si se da la oportunidad, como padres, también podemos implicarnos en programas escolares o de las instituciones relacionados con el tema.

Como dice la campaña, ‘hablar con ellos hoy, evitará un mal trago mañana’.