El deporte resulta para estos niños una actividad terapéutica que les ayuda a ejercitar su autocontrol

 

El deporte ayuda a los niños hiperactivos a canalizar toda la energía que poseen, siempre que la actividad no se centre en la competición si no en el aspecto lúdico y socializador.

Los niños hiperactivos, especialmente aquellos en los que además hay alto grado de impulsividad, desarrollan una gran energía física.

 

El deporte resulta para estos niños una actividad terapéutica que les ayuda a ejercitar su autocontrol ya que ponen en marcha su cuerpo con el fin de lograr una meta.



Carmen Castelló, pedagoga y directora del colegio Areteia de Madrid, advierte que para que un deporte sea útil para un hiperactivo tiene que tener en cuenta que estos niños son inquietos, mantienen el interés por poco tiempo, se cansan de las actividades que inicialmente fueron atractivas y son inconstantes…

Por otro lado, según estudios realizados sobre las variables motrices de los niños hiperactivos, un 52% de estos niños tiene como trastorno asociado, una menor habilidad motora, tanto a nivel gruesa como a nivel de la motricidad fina, que los convierte en más torpes que los niños de su edad (sobre todo en el caso de los de predominio inatentos).

“Pueden tener una gran capacidad para el movimiento, pueden ser incansables y sobresalen en potencia muscular y agilidad, sin embargo, –explica la pedagoga– les cuesta aquellas actividades que requieran una buena coordinación visomotora y tono muscular”. Esta dificultad motriz tiene que ver con la forma de coger el lápiz, con la calidad de la caligrafía y de sus dibujos, con el andar desgarbado, el saltar, con el baile, que siendo incansables y haciendo piruetas no las coordinarán con facilidad con el ritmo de la música.

Otra característica motriz de estos niños es la gran elasticidad ligamentosa que tienen y una hipotonía constitucional exagerada que les permite mover los dedos, los hombros o las piernas con una flexibilidad atípica, esto les faculta para determinados deportes.


LOS ENTRENADORES

Por tanto, los entrenadores deben entender que, en el caso de niños hiperactivos, interés y atención no van unidos, de manera que pueden tener interés y no prestar atención a lo que se dice.



Pueden entender las reglas, pero la impulsividad les puede llevar a no respetarlas. Pueden correr con fuerza con la pelota, pero no la pasan en el momento adecuado.



Estos comportamientos no los realizan de forma consciente y no los pueden controlar con la voluntad, sí con el entrenamiento. “Es preciso confiar en ellos y que se den cuenta de esta confianza, generando cierta complicidad”, aconseja Castelló.


LOS PADRES

Es importante que desde pequeños, los padres de niños hiperactivos fomenten la realización de actividades físicas y deportivas, pero deben ser conscientes de que estas actividades les van a resultar dificultosas. Tienden a ser competitivos, pero no siempre son eficaces y la frustración que les genera les puede llevar al desánimo y al abandono.



Castelló explica los beneficios: “Si los padres ponen empeño y consiguen que su hijo lo ponga, puede tener unos efectos muy positivos, ya que el deporte se desarrolla en un ambiente estructurado que les permitirá aprender, con el tiempo, a tener un compromiso, planificar su actuación, actuar con autocontrol, respetar las reglas, ser consciente de que su éxito es el éxito de otros (en los deportes de grupo).

Un entrenamiento continuado, unido a su tratamiento psicológico, les puede facilitar un buen manejo de su hiperactividad.”


LOS DEPORTES MÁS ADECUADOS

Les van mejor aquellas actividades deportivas individuales: las actividades gimnásticas, el atletismo, el ciclismo, las artes marciales: –judo, kárate y taekwondo,– la natación, el patinaje sobre ruedas o sobre hielo–, la equitación, el surf, el golf, el tiro con arco y la natación; o de parejas: el bádminton, el tenis, paddle... Se les da inicialmente peor aquellos deportes que son de equipo y más competitivos: el fútbol, el baloncesto, el balonmano, etc.



El deporte de equipo preferido es el fútbol, pero sus cualidades físicas no son idóneas por falta de habilidad para regatear cubren puestos de guardameta o defensa; pocos son delanteros.

Casi todos los niños españoles inician su actividad deportiva con el fútbol en los patios de los colegios intentando darle patadas a un balón.

 

Muchos se convencen de que este deporte no es en el que sobresalen, no obstante, un buen entrenamiento y un buen entrenador (que les entienda y ayude) puede hacer que un amplio número de estos niños continúen jugando y lo puedan hacer bastante bien.